domingo, 11 de marzo de 2007

El tesoro enterrado

Había una vez, en la ciudad de Cracovia, un anciano piadoso y
solidario que se llamaba Izy. Durante varias noches Izy soñó que
viajaba a Praga y llegaba hasta un puente sobre un río. Soñó que
a un lado del río, y debajo del puente, se hallaba un frondoso
árbol. Soñó que él mismo cavaba un poco al lado del árbol y que
de ese pozo sacaba un tesoro, que le traía bienestar y tranquilidad
para todo la vida.
Al principio Izy no le dio importancia. Pero cuando el sueño se
repitió durante varias semanas, interpretó que era un mensaje y
decidió que no podía desoír esa información, que le llegaba de
Dios o de no sabía donde, mientras dormía.
Así que, fiel a su intuición, cargó su mula para un largo viaje y
partió hacia Praga. Después de seis días de marcha, el anciano
llegó a Praga y se dedicó a buscar el puente sobre el río en las
afueras de la ciudad.
No había muchos ríos ni muchos puentes, así que rápidamente
encontró el lugar que buscaba. Todo era igual que en su sueño: el
río, el puente y, a un lado del río, el árbol debajo del que debía
cavar.
Sólo había un detalle que no había aparecido en su sueño: el puente
era custodiado día y noche por un soldado de la guardia imperial.
Izy no se atrevía a cavar mientras el soldado estuviera allí, así
que acampó cerca del puente y esperó. La segunda noche el soldado
empezó a sospechar de aquel hombre que acampaba cerca de
su puente, así que se aproximó para interrogarle.
El viejo no encontró razón para mentirle. Por eso le contó que
había llegado desde una ciudad muy lejana porque había soñado
que en Praga, bajo un puente como aquél, había un tesoro enterrado.
El guardia empezó a reírse a carcajadas.
- Has viajado mucho por una estupidez -le dijo-. Desde hace tres
años yo sueño todas las noches que en la ciudad de Cracovia,
debajo de la cocina de un viejo loco llamado Izy, hay un tesoro
enterrado. ¡Ja, ja, ja! ¿Crees que yo debería ir a Cracovia a buscar
a ese Izy y cavar bajo su cocina? ¡J a, ja, ja!
Izy dio amablemente las gracias al guardia y regresó a su casa.
Al llegar cavó un pozo bajo su cocina y encontró el tesoro que
siempre había estado allí enterrado.

Jorge Bucay

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