lunes, 19 de marzo de 2007

Amiga me conoces bien,
ven vamos te invito un cafe,
allí podremos conversar,
y desahogar tristezas,
sabes son cosas de mujeres,
pero es que mi alma se me muere,
y muchas veces una se harta de llorar sola,
amiga quien fallo fui yo y ahora,
su sonrisa y tierna boca tienen dueña ahora.

[Coro]
Dime si has sentido que se rompe el suelo,
que caes a un vacío sin final,
que cuando el estaba tú no lo cuidastes,
y ahora que no está, lo valoras más,
y que al despertar yo miro en el espejo
una historia que no volverá,
si un dia tu lo encuentras dile fue mi culpa,
mi leccion ya la aprendí,
por no cuidar su amor.

Amiga no son tonterías,
cuando una misma se lástima,
al menos he reconocido un grave error,
primer paso al perdón.
Amiga quien fallo fui yo,
y ahora su sonrisa y tierna boca
tienen dueña ahora.

[Coro]
Dime si has sentido que se rompe el suelo,
que caes a un vacio sin final,
que cuando el estaba tú no lo cuidastes,
y ahora que no está, lo valoras más,
y que al despertar yo miro en el espejo
una historia que no volverá,
si un día tú lo encuentras dile fue mi culpa,
mi lección ya la aprendí,
por no cuidar su amor.

Ahora me toca a mi recuperarme.
Caminar y sin juzgarme, sanarme.

Dime que puedo yo hacer, dime que puedo yo hacer.
Dime, dime, dime, dime amiga mia, cuando se acaba la vida, dime, dime, dime.

Amiga deséame serte (deséame suerte)
Dame la oportunidad de no pensar en ti,
de no soñarte más, para poder seguir
y ya no estar atada a tu recuerdo
.

Déjame sufrir en paz, dame la soledad,
y ya no vuelvas más
; desátame de ti,
para que el viento sople
y se lleve muy lejos todo lo que fui.

Te pido, sólo una razón para olvidarte,
destroza de una vez mi pobre corazón.


Desilusióname te pido,
no tengas compasión conmigo,
hazme cruzar la línea del amor al odio
para conseguir tu olvido.

Desilusióname te pido,
hazme caer al fin vencida;
enséñame al final que no eres tan perfecto,
y que esto de adorarte, no tiene sentido.


Reta mi imaginación, dime que alguien llegó,
que no sentiste amor, dentro del corazón
y que fingías todas, todas tus caricias.
Te pido sólo una razón para olvidarte
destroza de una vez mi pobre corazón.

No me mires más así,
que no puedo soportar esta agonía
.
Saber que no eres mío, y que nunca lo serás,
Fuiste todo para mí, ya no puedo respirar,
Entrégame la libertad.

Desilusióname te pido,
no tengas compasión conmigo,
hazme cruzar la línea del amor al odio
para conseguir tu olvido.

Desilusióname te pido,
hazme caer al fin vencida;
enséñame al final que no eres tan perfecto,
y que esto de adorarte, no tiene sentido
.

martes, 13 de marzo de 2007

El Amor y la Locura

Cuentan que una vez se reunieron todos los sentimientos y cualidades del hombre. Cuando el aburrimiento bostezaba por tercera vez, la locura como siempre tan loca propuso: “Vamos a jugar a los escondidos”. La intriga levantó el ceño extrañada y la curiosidad sin poder contenerse preguntó:
¿A los escondidos? ¿Y eso cómo es?
Es un juego, explicó la locura, en que yo me tapo la cara y comienzo a contar desde uno hasta un millón, mientras ustedes se esconden, y cuando ya haya terminado de contar, el primero de ustedes que yo encuentre, ocupará mi lugar para continuar el juego. El entusiasmo bailó secundado por la euforia y la alegría dio tantos saltos que terminó de convencer a la duda, e incluso a la apatía, a la que nunca le interesaba nada. Pero no todos quisieron participar, la verdad prefirió no esconderse. ¿Para qué? Si al final siempre la hallaban, y la soberbia pensó que era un juego muy tonto, en el fondo lo que le molestaba era que la idea no hubiese sido de ella, y la cobardía prefirió no arriesgarse.
Uno, dos y tres, empezó a contar la locura.
La primera en esconderse fue la pereza que como siempre, que como siempre se dejó caer tras la primera piedra del camino. La fe subió al cielo y la envidia se encontró tras la sombra del triunfo, quien por su propio esfuerzo había logrado subir a la copa del árbol más alto.
La generosidad casi no alcanzaba a esconderse, cada sitio que encontraba le parecía maravilloso para alguno de sus amigos, que si un lago cristalino para la belleza; que si la hendija de un árbol: perfecto para la timidez; que si el vuelo de una mariposa: lo mejor para la voluptuosidad, que si una ráfaga de viento: magnífico para la libertad, y así terminó en ocultarse en un rayito de sol.
El egoísmo, en cambio, encontró un sitio muy bueno desde el principio, ventilado, cómodo, pero solo para el. La mentira se escondió en el fondo de los océanos, mentira, en realidad se escondió detrás del arco iris, y la pasión y el deseo en el cuarto de los volcanes. El olvido, se me olvidó donde se escondió, pero, eso no es lo importante, Cuando la locura estaba contando 999.999, el amor aún no había encontrado sitio para esconderse, pues todo estaba ocupado, hasta que al fin divisó un rosal y enternecido decidió esconderse entre sus flores.
Un millón contó la locura y comenzó a buscar. La primera en aparecer fue la pereza solo a tres pasos de una piedra. Después se escuchó a la fe discutiendo con Dios sobre zoología y a la pasión y el deseo las sintió en el vibrar de los volcanes. En un descuido encontró a la envidia, y claro, pudo deducir donde estaba el triunfo. El egoísmo no tuvo ni que buscarlo, el solito salió de su escondite, resultó ser un nido de avispas.
De tanto caminar, sintió sed y al acercarse al lago descubrió la belleza, y con la duda resultó todavía más fácil, la encontró sentada cerca sin decidir aun de que lado esconderse.
Así fue encontando a todos. El talento, entre la hierba fresca, a la angustia, en una oscura cueva, a la mentira, detrás del arco iris, mentira si estaba en el fondo de los océanos, y hasta encontró al olvido, ya se le había olvidado que estaba jugando a los escondidos.
Pero solo el amor no aparecía por ningún sitio. La locura buscó detrás de cada árbol, bajo cada arroyuelo del planeta, en las cimas de las montañas, y cuando estaba por darse por vencido divisó un rosal, tomó una horquilla y comenzó a mover las ramas, cuando de pronto, un doloroso grito se escuchó. Las espinas habían herido los ojos del amor. La locura no sabía que hacer para disculparse, lloró, rogó, imploró, pidió perdón y hasta prometió ser su lazarillo, Desde entonces, desde que por primera vez se jugó a los escondidos en la tierra: El amor es ciego y la locura siempre lo acompaña.

domingo, 11 de marzo de 2007

El tesoro enterrado

Había una vez, en la ciudad de Cracovia, un anciano piadoso y
solidario que se llamaba Izy. Durante varias noches Izy soñó que
viajaba a Praga y llegaba hasta un puente sobre un río. Soñó que
a un lado del río, y debajo del puente, se hallaba un frondoso
árbol. Soñó que él mismo cavaba un poco al lado del árbol y que
de ese pozo sacaba un tesoro, que le traía bienestar y tranquilidad
para todo la vida.
Al principio Izy no le dio importancia. Pero cuando el sueño se
repitió durante varias semanas, interpretó que era un mensaje y
decidió que no podía desoír esa información, que le llegaba de
Dios o de no sabía donde, mientras dormía.
Así que, fiel a su intuición, cargó su mula para un largo viaje y
partió hacia Praga. Después de seis días de marcha, el anciano
llegó a Praga y se dedicó a buscar el puente sobre el río en las
afueras de la ciudad.
No había muchos ríos ni muchos puentes, así que rápidamente
encontró el lugar que buscaba. Todo era igual que en su sueño: el
río, el puente y, a un lado del río, el árbol debajo del que debía
cavar.
Sólo había un detalle que no había aparecido en su sueño: el puente
era custodiado día y noche por un soldado de la guardia imperial.
Izy no se atrevía a cavar mientras el soldado estuviera allí, así
que acampó cerca del puente y esperó. La segunda noche el soldado
empezó a sospechar de aquel hombre que acampaba cerca de
su puente, así que se aproximó para interrogarle.
El viejo no encontró razón para mentirle. Por eso le contó que
había llegado desde una ciudad muy lejana porque había soñado
que en Praga, bajo un puente como aquél, había un tesoro enterrado.
El guardia empezó a reírse a carcajadas.
- Has viajado mucho por una estupidez -le dijo-. Desde hace tres
años yo sueño todas las noches que en la ciudad de Cracovia,
debajo de la cocina de un viejo loco llamado Izy, hay un tesoro
enterrado. ¡Ja, ja, ja! ¿Crees que yo debería ir a Cracovia a buscar
a ese Izy y cavar bajo su cocina? ¡J a, ja, ja!
Izy dio amablemente las gracias al guardia y regresó a su casa.
Al llegar cavó un pozo bajo su cocina y encontró el tesoro que
siempre había estado allí enterrado.

Jorge Bucay

domingo, 4 de marzo de 2007

La tristeza y la furia

En un reino encantado donde los hombres nunca pueden llegar, o quizás donde los hombres transitan eternamente sin darse cuenta. En un reino mágico, donde las cosas no tangibles, se vuelven concretas...

Había una vez un estanque maravilloso.

Era una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los colores existentes y donde todas las tonalidades del verde se reflejaban permanentemente...

Hasta ese estanque mágico y transparente se acercaron a bañarse haciéndose mutua compañía, la tristeza y la furia.

Las dos se quitaron sus vestimentas y desnudas las dos entraron al estanque. La furia, apurada, como siempre esta la furia, urgida, sin saber por qué, se bañó rápidamente y mas rápidamente aún, salió del agua...

Pero la furia es ciega, o por lo menos no distingue claramente la realidad, así que, desnuda y apurada, se puso, al salir, la primera ropa que encontró...

Y sucedió que esa ropa no era la suya, sino la de la tristeza...

Y así vestida de tristeza, la furia se fue.

Muy calma, y muy serena, dispuesta como siempre a quedarse en el lugar donde está, la tristeza terminó su baño y sin ningún apuro, o mejor dicho, sin conciencia del paso del tiempo, con pereza y lentamente, salió del estanque.

En la orilla se encontró con que su ropa ya no estaba.

Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al desnudo, así que se puso la única ropa que había junto al estanque, la ropa de la furia.

Cuentan que desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia, ciega, cruel, terrible y enfadada, pero si nos damos el tiempo de mirar bien, encontramos que esta furia que vemos es sólo un disfraz, y que detrás del disfraz de la furia, en realidad... está escondida la tristeza.

Jorge Bucay